Elefantes en la montaña de enfrente, mis días en Sabuk

elefantes

El jeep avanza constante por un camino que empieza a desaparecer entre la naturaleza,  muerde sin piedad la costra de la tierra seca y mientras los 3 nos agitamos en los asientos yo trato de pensar y Juan mantiene una conversación con Luis acerca de las historias coloniales y los cazadores furtivos.

Sabuk, un nuevo territorio africano

sabuk AfricaHay veces que me agrada realizar ese juego donde imaginas que  si de repente despertaras en un lugar sin saber dónde, ¿podrías adivinar qué lugar sería?

El camino de color naranja marca un serpenteo que zanja el pasto seco en dos. El sol está muy fuerte y no logro distinguir a nadie, vehículo, persona o animal cerca, pero lo único que sé es que faltan unas 2 horas hasta Sabuk, una reserva situada en Laikipia, donde nos están esperando. Y esta misma nada que al mismo tiempo es todo, la tierra roja, la sabana y hasta el mismísimo jeep, son una señal del viaje.

Tengo que dejar de hablar sobre África en general, pero mis pensamientos no colaboran, entonces me pregunto qué diferente es África, ya que hace algunas semanas estábamos en el Valle del Omo, en Etiopía y es raro viajar por Sabuk y no ver a ninguna persona en kilómetros, pero si encuentras una persona que hable en inglés y que realmente te entienda, eso sí que es mucho, ver unas rayas negras y blancas que corren entre los arbustos también es mucho.

¡Cebras! Juan me apunta con su dedo y no disimula su entusiasmo. Después vuelvo de nuevo al juego, ya que hace 5 ó 6 meses que llegamos a África y es la primera vez que estoy  cara a cara con la naturaleza.

Sabuk y su naturaleza

sabukMientras avanzamos hacia el horizonte, Luis nos cuenta insignificancias básicas para alguien que ha pasado su vida entre la naturaleza, pero a nosotros, cada detalle nos hace abrir más los ojos.

Cuando nos aproximamos al terreno que es Sabuk, ya hemos recorrido unos 80km desde Nanyuki, el confín de la civilización más cercana. Literalmente, estamos en el medio del mapa o eso muestra mi Google Maps,  buscando desesperadamente ubicarse con su puntito azul.

La desolación dura poco, primero se acerca el cuidador de la reserva que nos saluda y nos da la bienvenida y luego de repente, como quien no quiere la cosa, aparece un grupo de elefantes sobre la colina, se ven un poco lejos, pero se ven bien.

De repente, un macho hace sonar su trompa y una cría perdida corre montaña abajo.

Por la noche aunque en Sabuk hay electricidad, cenamos a la luz de las velas, ya que la luz artificial rompería ese encanto de la noche africana, con su cielo repleto de estrellas y el chirrido de los pasos de los elefantes.

No sé realmente en qué momento se me acaba el tiempo, pero justo cuando comienzo a acostumbrarme, es hora de volver a casa. Parece que fue solo hace pocos días que llegamos a África y hay algo en el viaje que sabe a retiro, puede ser la presencia firme de la naturaleza o quizás la sorpresa de coexistir con elefantes y no sentir nada más que paz.

La ratificación de estar en el lugar correcto en el momento indicado.

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